Cómo seguir entrenando y enseñando Artes Marciales con el paso de los años

Por Alonso Rosado F. | Conversación con Gustavo Sanciprian

El cinturón negro acredita un camino recorrido, pero no detiene el reloj. Los artistas marciales solemos sentir que la disciplina, la resistencia y la costumbre de superar dificultades nos conceden cierta ventaja frente al tiempo. Algo de verdad hay en esa confianza; el problema empieza cuando la confundimos con invulnerabilidad. Esa fue la pregunta que puse sobre la mesa al conversar con mi amigo Gustavo Sanciprian para Revista KATANA: ¿cuánto hay de realidad y cuánto de ilusión en nuestro deseo de seguir entrenando como antes?

Recapitulación del Podcast con Gustavo Sanciprian y Alonso Rosado Franco celebrado el 29 de Septiembre 2026.

La charla, cercana y salpicada de humor, dejó una propuesta que merece llevarse al dojo: adaptar la práctica a la etapa que vivimos. Para Gustavo, formado en el taekwondo y con una larga experiencia deportiva y también como ex Director del Centro Nacional de Alto Rendimiento, la madurez puede abrir una relación más consciente con el movimiento. También obliga a las escuelas a mirar hacia quienes han superado los cincuenta años y buscan una actividad que los reciba con inteligencia.

Artes Marciales y el Paso de los Años.

El dojo también debe aprender a envejecer

Gustavo comenzó con una preocupación demográfica: las escuelas acostumbradas a sostenerse principalmente con grupos infantiles necesitan prestar atención al crecimiento de la población adulta. Durante la conversación citó cifras que atribuyó al INEGI para ilustrar ese cambio. Su planteamiento fue claro: muchos instructores siguen pensando su oferta como en las décadas de 1980 y 1990, mientras las necesidades de su comunidad se transforman.

Desde hace centurias en China se practica el Taichi por personas de todas las edades.

Lo reconocemos en escenas cotidianas. Comenté el caso de un alumno cuyo abuelo me cuenta que es el único niño en el edificio donde vive. El entrenamiento representa para él una oportunidad de convivencia. Esa anécdota no sustituye un estudio de población, pero vuelve tangible la inquietud que Gustavo plantea: ¿a quiénes estamos atendiendo y a quiénes estamos dejando fuera?

Recibir a un alumno adulto exige algo más que ofrecerle la clase habitual a menor velocidad. Hay que revisar objetivos, cargas, formas de explicar y condiciones de seguridad. Antes aprendimos que un niño no es un adulto pequeño; ahora toca recordar que una persona mayor tampoco debe ser tratada como un adolescente. Conservar la esencia del arte exige entender al practicante que tenemos enfrente.

Aceptar tu edad y ejercitarte constante y científicamente es primordial…

El complejo de Superman y el rival que fuimos

La conversación tomó un giro especialmente personal al hablar de los maestros que dejan de entrenar porque ya no pueden hacerlo como en su juventud. Gustavo identificó ahí una trampa: cuando la única medida del éxito es el rendimiento de hace treinta años, el presente siempre parece insuficiente. El resultado puede ser el abandono de una práctica que todavía tiene mucho que ofrecer.

Lo sabe por experiencia. Después del taekwondo practicó triatlón y siguió persiguiendo tiempos, distancias y posiciones. Le tomó años aceptar que aquella educación competitiva correspondía a una etapa de su vida. Hoy coloca en primer plano la independencia física y la energía para disfrutar lo cotidiano. Cambia el objetivo, aunque permanezcan la constancia y el gusto por moverse.

Un comentario del maestro Sergio Ocampo, quien se presentó en el podcast como un practicante de 72 años con 54 de trayectoria, permitió afinar la idea. Él explicó que entrenaba al cincuenta por ciento. Gustavo preguntó: «¿Con base en qué hablamos del 100 %?». Quizá ese cincuenta por ciento solo aparece cuando se compara con el joven que fue. La referencia útil es la capacidad actual, con una exigencia ajustada a ella; la frase no propone llevar cada sesión al esfuerzo máximo.

El Ser humano, un microcosmos fascinante.

También hablamos de nuestra familiaridad con el dolor, las caídas y las exigencias del entrenamiento. Esa experiencia puede alimentar el “complejo de Superman”: creer que aguantar equivale siempre a estar bien. La madurez invita a distinguir el esfuerzo de una señal que requiere atención. Escuchar al cuerpo forma parte de la disciplina que enseñamos.

Respirar mejor y comprender el movimiento

Gustavo describió el cambio que introdujo en su propia práctica: prestar más atención a la respiración, la extensión y la calidad de cada movimiento. Su acercamiento al yoga, al tai chi y al qigong le permitió releer técnicas que ya conocía. Menos repeticiones automáticas y mayor conciencia pueden dar a una forma familiar una profundidad que antes pasaba inadvertida.

El Cuerpo Humano es una entidad holística donde se interrelacionan la energía fundamental, cuerpo, mente y un largo etcétera.

La propuesta puede aplicarse desde cada sistema. Un maestro de karate, taekwondo u otra disciplina puede examinar su repertorio y encontrar maneras de practicarlo con fluidez, moderación y control. Aprender de otras tradiciones requiere dejar a un lado la idea de que todo lo valioso pertenece exclusivamente a nuestro estilo.

Recordé entonces a mi maestro de Han Mu Do, el doctor He Young Kimm, quien desde hace años pone énfasis en ejecutar las formas con un ritmo lento, cercano al del tai chi. Confesé que al principio me preguntaba por qué ralentizarlas. Ahora habría querido comenzar mucho antes. A veces una enseñanza necesita que nosotros cambiemos para poder entenderla.

Gustavo recordó asimismo su interés por el Mupal Dan Kum y la relación que reconoce entre esa secuencia y el Baduanjin chino. Más que detenernos en una discusión de linajes, el recuerdo nos llevó a valorar los ejercicios que combinan atención, respiración y movimiento. La tradición ofrece recursos que merecen estudiarse y adaptarse con conocimiento.

Una experiencia que ya tiene alumnos

El ejemplo más concreto de la charla es el trabajo de Gustavo Sanciprian en el Deportivo Chapultepec. Según relató, comenzó ocho años atrás con una clase semanal; después pasó a dos, a tres y finalmente a una programación de lunes a viernes. En el momento de la entrevista habló de una asistencia promedio de setenta personas por clase.

Cada día tiene un propósito: el lunes trabaja estiramientos; el martes, ejercicios que describe como restaurativos y regenerativos; el miércoles, fuerza; el jueves, disciplinas orientales; y el viernes, ejercicios con silla. En las sesiones orientales recurre a variantes del Baduanjin, el Yi Jin Jing, secuencias de tai chi, el saludo al sol y los llamados cinco ritos tibetanos. Aclaró además que se considera un buen alumno de yoga, no un maestro de esa disciplina.

Moderación, seguridad y variedad son los criterios que, según su experiencia, han ayudado a sostener el interés. La imagen de una hora y media de trabajo con silla resulta reveladora: un recurso sencillo puede dar lugar a una sesión rica cuando existe preparación. Esa experiencia señala una oportunidad para los instructores dispuestos a desarrollar propuestas específicas para adultos.

Las lecturas y las ideas que entraron al tatami

Hacia el cierre, Gustavo propuso acercarse a cuatro figuras. La primera fue Byung-Chul Han, filósofo de origen surcoreano que escribe en alemán, y su libro “La sociedad del cansancio”, publicado por Herder en español. Lo recomendó por su crítica a una vida dominada por el rendimiento y la autoexigencia. En nuestra conversación, esa lectura abrió una pregunta muy marcial: ¿hemos dejado espacio para la calma y la contemplación entre tantas metas?

Byung-Chul Han y su libro más conocido: La Sociedad del Cansancio.

Para expresar la importancia que le concede a Byung-Chul Han, Gustavo lo comparó con Jean-Paul Sartre, Friedrich Nietzsche y Sigmund Freud. Fue una valoración personal de su influencia. La sociedad del cansancio fue el único libro cuyo título se recomendó expresamente durante la entrevista.

George F. Solomon, médico psiquiatra y pionero de la psiconeuroinmunología.

La segunda figura mencionada fue George F. Solomon, médico psiquiatra y pionero de la psiconeuroinmunología. Este campo estudia las relaciones entre los procesos psicológicos, el sistema nervioso y la inmunidad. Gustavo lo trajo a la charla para destacar que el estado emocional también importa cuando pensamos en la salud.

De la Mente al Cuerpo y de Regreso. Tal vez el libro más conocido de George Freeman Solomon.

El tercer nombre fue Shinya Yamanaka, médico e investigador japonés que compartió con John B. Gurdon el Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 2012. Su aportación fue demostrar que células maduras pueden reprogramarse hasta un estado pluripotente. Los conocidos factores de Yamanaka pertenecen a la investigación celular.

Shinya Yamanaka, médico e investigador japonés que compartió con John B. Gurdon el Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 2012. Su aportación fue demostrar que células maduras pueden reprogramarse hasta un estado pluripotente. Los conocidos factores de Yamanaka pertenecen a la investigación celular.

Los 4 Factores Yamanaka y su Libro Especializado más famoso.

La cuarta referencia fue Joe Dispenza, cuyas propuestas sobre pensamientos, creencias, intención y meditación despertaron el entusiasmo de Gustavo. Conviene distinguir esa propuesta de divulgación de los hallazgos experimentales de Yamanaka. La meditación puede ayudar en aspectos del bienestar, el estrés o el sueño, con resultados que varían según la práctica y la evidencia disponible; eso no acredita por sí solo curaciones ni sustituye la atención médica.

Los libros fundamentales de la obra de Joe Dispenza.

El mismo cuidado permite entender la epigenética, otro concepto que apareció en el diálogo: estudia cambios que regulan la actividad de los genes sin modificar su secuencia. No equivale a eliminar una predisposición hereditaria mediante decretos. El valor práctico de la reflexión de Gustavo está en asumir que podemos actuar sobre nuestros hábitos y buscar atención, aunque no controlemos todos los factores de salud.

Compartir experiencia y volver a encontrarnos

De la conversación surgió una invitación a reunir maestros de distintos estilos para compartir lo que les funciona. Gustavo imaginó una convivencia o convención donde cada uno pudiera aportar experiencias, revisar su práctica y aprender de los demás. Recordamos en la charla con afecto los encuentros del movimiento “Las artes marciales van a salvar a México”, y la posibilidad de recuperar aquel ánimo de colaboración que nació de la colaboración de Gustavo Sanciprián y Alonso Rosado.

La propuesta quedó planteada, todavía como una iniciativa por construir. Tiene sentido comenzar por quienes enseñan: cuidar su práctica, escuchar sus necesidades y después desarrollar clases que también hagan espacio a nuevos alumnos adultos. La convivencia, la conversación y el humor ocuparon un lugar importante en ese llamado; Gustavo dejó además el tema de las zonas azules para profundizar en otra charla.

Antes de despedirnos reaparecieron los fundamentos: comer saludablemente, dormir con calidad, ejercitar el cuerpo y la mente, y cultivar una actitud constructiva. Gustavo señaló la distancia que suele haber entre entender una recomendación y practicarla. El dojo conoce bien esa diferencia: saber explicar una técnica no significa haberla incorporado.

Bruce Lee nos prestó entonces una imagen que ambos apreciamos: «Sé como el agua». Adaptarse también es una habilidad marcial. Podemos cambiar la intensidad, el ritmo y las metas sin perder el interés por aprender. Y cuando Gustavo propuso procurar primero una vida retadora, interesante y alegre, la pregunta de llegar a los cien años encontró su mejor lugar: seguir viviendo con ganas mientras el camino continúe.

CONTINUARÁ…

Te invitamos a revivir la Charla completa entre Alonso Rosado Franco y Gustavo Sanciprian Marroquín: